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La Ciudad de México ganó su propio Mundial

Por Carlos Martínez Velázquez

Opinión | 09/07/2026| 07:09
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El domingo pasado, en el Estadio Ciudad de México, terminó el camino de nuestra selección en el Mundial y, con él, la participación de México como sede. Caímos 2-3 ante Inglaterra en los octavos de final, en el partido que cerró los 13 encuentros que la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey organizaron para esta Copa del Mundo.

Una tormenta eléctrica retrasó el arranque, más de 80 mil aficionados esperaron bajo la lluvia y, cuando por fin rodó el balón, cayó algo que parecía imposible, la defensa mexicana que no había recibido un solo gol frente a Sudáfrica, Corea del Sur, República Checa y Ecuador. El torneo sigue su camino en Estados Unidos. El nuestro, aquí, se cerró esa noche.

Sin embargo, lo que quedó claro en esta primera mitad del Mundial es que la Ciudad de México ganó su propio partido, el de ser sede.

El formato descentralizado que adoptó la FIFA le dio a cada ciudad la oportunidad de mostrar su carácter, y pocas lo hicieron con la fuerza con que lo hizo la capital.

La ciudad recibió el torneo como recibe a quien llega de visita, con las puertas abiertas. Multicultural, diversa y hospitalaria, generó un ambiente que llevó a miles de personas a dejarlo todo por vivir el Mundial de cerca.

El FIFA Fan Festival del Zócalo, con poco más de 2 millones de asistentes entre el 11 de junio y el 5 de julio, fue el más visitado de las 16 ciudades sede. Bastó ver la espuma volar cada vez que México anotaba para entender que la fiesta se repartió mucho más allá de los estadios, por toda la ciudad.

El calendario del propio torneo dejó otra marca que nos toca de cerca. El 20 de junio, en Monterrey, Japón y Túnez disputaron el partido número 1,000 en la historia de las Copas del Mundo, casi un siglo después de que México debutara ante Francia en Uruguay 1930.

Son dos capítulos de una misma historia, la del futbol que se sigue escribiendo aquí y la de un equipo que llegó de lejos.

El legado del Mundial no se mide solo en el marcador. El gobierno de la ciudad documentó más de 23 mil millones de pesos en obras de movilidad, agua, alumbrado y espacio público, repartidas en más de dos mil proyectos que seguirán funcionando cuando el torneo ya sea un recuerdo.

Conviene ser honestos con lo que dice la evidencia sobre estos eventos, los estudios sobre los mundiales de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 encontraron que ser sede, por sí solo, no garantiza un aumento sostenido del turismo.

Lo que sí lo garantiza es tener una estrategia detrás. Y la Ciudad de México la ha venido construyendo desde antes, en 2025 los turistas hospedados en la capital aumentaron en casi 1 millón, uno de los mayores aumentos que se tenga registro, un resultado que nos coloca en una posición para aprovechar esta plataforma.

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Ese es el dato que sostiene la política de largo plazo, que el turista que hoy se va con la ilusión de volver encuentre, cuando regrese, una ciudad que siguió invirtiendo en mejorar la infraestructura y experiencias turísticas.

Lo que queda cuando el balón se va es la certeza de que el futbol nos une a todos los mexicanos y de que sabemos recibir al mundo como pocos.

Por eso, en la Ciudad de México, cuando termina la fiesta seguimos diciendo lo mismo, ¡bienvenidos!

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