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250

Aguas Internacionales por José Miguel Martínez

Opinión | 06/07/2026| 21:44
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Estados Unidos cumplió 250 años de haber nacido. Pasó de ser una colonia inglesa para convertirse en el país más poderoso del mundo; pero esto no es una simple coincidencia. Desde que nació, reconoció que, si quería dominar al mundo, tendría que atravesar un camino lento y tortuoso. En esta línea, promulgaron la doctrina Monroe y el Destino Manifiesto.

Cuando nacieron las trece colonias se dieron cuenta de que, si querían dominar, tenían que expandirse al oeste y ocupar el territorio, como una unidad. En consecuencia, crearon una federación y se decidieron a conquistar todo el oeste, que antes era salvaje e inhóspito.

Más tarde, por ahí de 1850, llegó la revolución industrial, la cual empezó con Vanderbilt y los trenes que conectaban a Estados Unidos de este a oeste y de norte a sur. Con este avance, un trayecto que antes se tardaba meses, ahora podría realizarse en días. Este boom ayudó a que la movilidad entre regiones fuera más sencilla. Sin embargo, con esto se necesitaba más acero.

Es entonces que surgió una de las frases más representativas de la época. Por medio de un telegrama, Powel Clayton le dijo a Porfirio Díaz: “No se preocupe, señor presidente, el acero de Estados Unidos va a entrar a México, ya sea a modo de vías del tren o en forma de bayonetas”.

Estados Unidos ha estado presente en los momentos más importantes, como en la Primera Guerra Mundial, conflicto al que decidió sumarse después de que Alemania hundiera barcos de pasajeros y mercantes estadunidenses. Asimismo, cuando vencieron, de la mano de Wilson, se decidió instaurar “La Liga de las Naciones”, antecesora de la ONU. No obstante, esta fracasó cuando Wilson intentó entrar, pues el congreso dijo que no iba a inmiscuirse en problemas europeos.

Posteriormente, cuando Japón atacó a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones ya estaba en ruinas. Pero la idea de un mundo globalizado y democrático ya empezaba a vislumbrarse. Estados Unidos tenía que comandar el cambio. Al final de la guerra en Europa y después de bombardear nuclearmente a Japón en dos ocasiones, la guerra se acabó. Así, en octubre de 1945, se fundó la ONU, nuevamente de la mano de Estados Unidos.

Con este nuevo organismo y un mundo que empezaba a inclinarse a ser aliados de Estados Unidos y adoptar su ideología política; así como su economía, democracia y capitalismo, respectivamente. La URSS, por otra parte, fue el contrapeso emergente, y con ella, la Guerra Fría. El mundo se volvió bipolar.

La esfera de influencia de Estados Unidos se peleaba con la de la URSS, pero la lucha mantenía vivos a ambos. Hubo conflictos indirectos entre los dos, como la guerra de Corea, la de Vietnam o las incursiones a Cuba; sin embargo, Estados Unidos iba a la cabeza. Tanto así que la URSS desapareció en 1991, dejando como único hegemón a Estratos Unidos, quien se consolidó como la mayor potencia del mundo.

Ahora Estados Unidos se enfrenta a un problema muy complejo: el mundo ya no es el que dejó el siglo pasado. Ya existen muchos más contra pesos, ya hay naciones que le pueden hacer frente, tanto económica como militarmente. Además de vivir una crisis de identidad, ya no tienen enemigos con los que pelear.

En un mundo globalizado, democrático y abierto, te encuentras con que todos pueden ser aliados y, por ende, los enemigos se vuelven más difusos… y con eso no pueden mantener su ideología “buenos y malos”, ni pueden mantener guerras. Los enemigos ya no son tangibles.

Estados Unidos, sí, el hegemón, la nación más poderosa del mundo, atraviesa en su 250 aniversario por sus momentos más complejos: las instituciones que crearon ya no les favorecen y sus enemigos ya no son tangibles. ¿Serán capaces de reinventar 250 años de identidad y de historia?

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