La confianza: el activo estratégico de las reuniones

Eduardo Chaillo Ortiz
IMEX Frankfurt 2026 provocó muchas conversaciones sobre inteligencia artificial, sostenibilidad, automatización, datos y transformación digital. Sin embargo, debajo de todos esos temas parecía existir una preocupación mucho más profunda: la creciente dificultad para construir confianza en un entorno global marcado por polarización, tensiones geopolíticas, sobreinformación y fatiga digital.
Nunca habíamos estado tan conectados tecnológicamente y, al mismo tiempo, tan fragmentados socialmente.
Quizá por eso resultó interesante observar cómo, más allá de las sesiones tradicionales, comenzaron a surgir espacios mucho más orientados a la reflexión estratégica y al pensamiento colectivo. Conversaciones tipo think tank, encuentros cerrados entre líderes y formatos menos comerciales, más honestos y provocadores. Desde el Place Leaders Forum y el Policy Forum hasta ejercicios como el Thinking Salon impulsado por Destination DC, la sensación era clara: la industria está tratando de entender algo más grande que la propia industria.
La pregunta ya no parece ser únicamente cómo organizar mejores eventos. La verdadera conversación es cómo ayudamos a reconstruir diálogo, colaboración y confianza en sociedades cada vez más polarizadas, impacientes y saturadas de ruido. Muchas de las discusiones más relevantes durante IMEX terminaron girando alrededor del enorme valor que siguen teniendo los encuentros presenciales para generar algo cada vez más escaso: confianza real entre personas.
Confianza para colaborar. Confianza para invertir. Confianza para innovar.
Confianza para compartir conocimiento o simplemente entender perspectivas distintas en un entorno crecientemente complejo.
Porque las relaciones importantes todavía necesitan contexto humano. Necesitan conversaciones fuera del escenario, empatía, lenguaje no verbal, pausas y espacios donde las personas puedan entenderse más allá de algoritmos, titulares o narrativas simplificadas.
La conversación también se movió hacia otro tema particularmente interesante: la necesidad de reimaginar la manera en que conectamos personas dentro de los eventos.
Muchos líderes comenzaron a reconocer algo evidente, pero pocas veces discutido con suficiente profundidad: las nuevas generaciones están cambiando radicalmente la expectativa alrededor del networking.
Los participantes más jóvenes no buscan únicamente acumular contactos, intercambiar tarjetas o participar en interacciones transaccionales. Buscan conversaciones más auténticas, espacios psicológicamente seguros, conexiones significativas y experiencias donde exista propósito, pertenencia y posibilidad real de colaboración.
Ese cambio cultural explica por qué muchos formatos tradicionales de networking empiezan a sentirse insuficientes. También explica el creciente interés por dinámicas más curadas, conversaciones intergeneracionales, encuentros pequeños, mentorías cruzadas y espacios de diálogo mucho más horizontales.
La industria parece estar entendiendo que conectar personas ya no consiste solamente en ponerlas en la misma sala. El verdadero reto es generar condiciones para que exista confianza entre ellas.
Resultó particularmente interesante escuchar durante el Place Leaders Forum cómo varios destinos empiezan a entender que su competitividad futura dependerá también de su capacidad para construir ecosistemas de confianza entre gobierno, empresas, academia, comunidades e industrias prioritarias.
Los eventos presenciales siguen siendo uno de los pocos espacios donde todavía es posible desarrollar relaciones complejas de largo plazo.
Eso explica también por qué sectores como ciencia, medicina, tecnología, inversión, diplomacia o innovación continúan apostando fuertemente por encuentros cara a cara, incluso en plena aceleración digital.
No solamente porque transfieren información.
También porque ayudan a construir confianza alrededor de esa información.
Quizá ahí está una de las mayores oportunidades para nuestra industria en los próximos años.
Mientras la inteligencia artificial automatiza procesos y multiplica contenido, el verdadero valor diferencial de los encuentros presenciales podría fortalecerse precisamente en aquello que sigue siendo profundamente humano: la capacidad de escuchar, interpretar, conectar, colaborar y generar confianza



