Gastronomía

Capirotada: el postre tradicional mexicano con siglos de historia que lucha por no desaparecer

Considerada uno de los platillos más emblemáticos de la temporada de Cuaresma y Semana Santa, la capirotada conserva una tradición culinaria que se remonta a la antigua Roma y que evolucionó hasta convertirse en un clásico de la gastronomía mexicana.

Gastronomía | 30/06/2026| 10:21
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La capirotada es uno de los postres más representativos de la cocina tradicional mexicana, pero su presencia es cada vez menor en mercados y fondas. Su origen se remonta a antiguas recetas europeas que llegaron a la Nueva España y dieron paso a la versión dulce elaborada con pan, piloncillo, queso, canela, pasas y cacahuates, hoy considerada parte del patrimonio gastronómico del país.

La capirotada es uno de los postres tradicionales de México cuya preparación ha pasado de generación en generación, especialmente durante la temporada de Cuaresma y Semana Santa. Sin embargo, con el paso de los años, su presencia en mercados, cocinas económicas y hogares ha disminuido, convirtiéndose en una receta cada vez menos frecuente.

Su elaboración, basada en pan, miel de piloncillo, canela, queso, pasas y cacahuates, sigue siendo uno de los símbolos de la cocina de vigilia en distintas regiones del país.

Un origen que se remonta a la antigua Roma

Aunque hoy se identifica como un platillo típico mexicano, la historia de la capirotada tiene raíces mucho más antiguas.

Diversos registros históricos señalan que uno de sus antecedentes aparece en el recetario romano De re coquinaria, atribuido a Apicio, donde se describe una preparación conocida como Sala Cattabia. Desde entonces ya se utilizaban elementos que permanecen hasta la actualidad, como el pan y la técnica de colocar los ingredientes en capas.

Con el paso de los siglos, cocineros europeos incorporaron nuevos ingredientes y adaptaron la receta hasta convertirla en una preparación más compleja.

La llegada de la capirotada a México

La receta llegó al territorio novohispano durante la época colonial junto con la gastronomía española.

Con el tiempo, la preparación evolucionó y dejó atrás las versiones con carne para adaptarse a los platillos de vigilia, incorporando ingredientes locales y conservando la característica disposición en capas.

En recetarios de los siglos XVIII y XIX ya aparece como una comida tradicional de la temporada religiosa, mientras que durante el siglo XX se consolidó la versión dulce que hoy es la más conocida.

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La capirotada se convirtió en una tradición familiar durante décadas, especialmente en Cuaresma y Semana Santa, cuando era común encontrarla en hogares, fondas y mercados.

Las recetas recopiladas por reconocidas especialistas en cocina mexicana ayudaron a preservar la preparación, aunque con pequeñas modificaciones como el uso de refractarios y distintos tipos de pan.

A pesar de estas adaptaciones, la esencia del platillo permanece: pan, miel o almíbar, queso y la característica preparación en capas.

La influencia de la capirotada trascendió las fronteras mexicanas. Preparaciones similares pueden encontrarse en regiones como Texas, Nuevo México, Puerto Rico, Guatemala e incluso en países como Inglaterra, donde existe un postre con características semejantes conocido como bread and butter pudding.

Sin embargo, la versión mexicana ha adquirido identidad propia gracias a la incorporación de ingredientes locales y a su estrecha relación con las celebraciones religiosas.

Actualmente, especialistas consideran importante preservar esta receta tradicional para evitar que desaparezca y continúe formando parte del patrimonio gastronómico del país.

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