San Roque busca volver a hacer historia con la presentación de la jícara de pozol más grande del mundo
La jícara de pozol más grande del mundo distingue a uno de los barrios más antiguos de la capital chiapaneca.


El barrio de San Roque, considerado uno de los sitios con mayor riqueza histórica y cultural de Tuxtla Gutiérrez, volverá a colocarse en el centro de la atención durante sus festividades patronales con la presentación de la jícara de pozol más grande del mundo, una tradición que durante años ha dado identidad a las celebraciones y ha proyectado a este emblemático rincón de la capital chiapaneca a nivel nacional.
La presentación de la jícara de pozol más grande del mundo forma parte de las tradicionales fiestas patronales del Barrio San Roque, que se celebran durante agosto en honor a San Roque y San Bartolomé Apóstol, una de las expresiones culturales y religiosas más representativas de Tuxtla Gutiérrez. Las festividades alcanzan su punto central el 16 de agosto, Día de San Roque, y concluyen el 24 de agosto con la celebración de San Bartolomé.
Hablar de San Roque es hablar de historia, tradición y orgullo zoque. Sus calles, su parroquia y sus festividades forman parte de la memoria colectiva de generaciones de tuxtlecos que cada año participan en las celebraciones dedicadas a San Roque y San Bartolomé Apóstol, considerados entre los festejos religiosos y culturales más representativos de la ciudad.
Uno de los símbolos más recordados de estas fiestas es precisamente la gigantesca jícara de pozol, una monumental estructura que durante varios años ha sido llenada con miles de litros de esta bebida tradicional elaborada a base de maíz y cacao, considerada uno de los íconos gastronómicos más importantes de Chiapas.
La iniciativa surgió como una estrategia para fortalecer las festividades del barrio y atraer visitantes. La respuesta superó todas las expectativas; vecinos, empresarios, familias y organizaciones se sumaron con donaciones de agua, azúcar e insumos para preparar el pozol que sería compartido entre miles de asistentes.
La hazaña permitió elaborar más de cinco mil litros de pozol, utilizando más de un centenar de garrafones de agua, una cifra que ha convertido al evento en uno de los más recordados dentro de las festividades tradicionales de Tuxtla Gutiérrez.
Durante años, la enorme jícara fue ha sido considerada un símbolo del esfuerzo comunitario y del arraigo de las costumbres zoques.
El pozol es mucho más que una bebida refrescante para los chiapanecos. Se trata de un elemento profundamente ligado a la identidad cultural de los pueblos originarios y a la historia de la región. Por ello, la presentación de la jícara representa también una forma de preservar y difundir un patrimonio gastronómico que ha pasado de generación en generación.
Además del atractivo visual que representa la enorme estructura, el evento se ha caracterizado por reunir a cientos de familias en torno a una misma tradición.
Marimba, danzas, actividades culturales y la degustación gratuita de pozol forman parte de una experiencia que año con año fortalece el sentido de pertenencia de quienes habitan el barrio y de quienes visitan la zona durante las fiestas patronales.
El barrio de San Roque conserva una relevancia especial dentro de la historia de Tuxtla Gutiérrez. Sus celebraciones mantienen vivas expresiones culturales zoques que han resistido el paso del tiempo y el crecimiento urbano de la capital. La danza tradicional, las peregrinaciones, la música de tambor y carrizo, la gastronomía típica y las ofrendas de pozol continúan siendo parte fundamental de una herencia cultural que se niega a desaparecer.
La presentación de la jícara de pozol más grande del mundo busca precisamente reforzar ese legado. Más allá del tamaño de la estructura o de la cantidad de bebida que pueda contener, el evento simboliza la unión de una comunidad que encuentra en sus tradiciones una forma de preservar su identidad y compartirla con las nuevas generaciones.
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Con esta iniciativa, San Roque reafirma su papel como uno de los principales guardianes de la cultura popular tuxtleca y se prepara para ofrecer nuevamente una de las estampas más representativas de las fiestas tradicionales de Chiapas; una enorme jícara rebosante de pozol, orgullo de un barrio que durante décadas ha mantenido viva la esencia de sus raíces zoques.
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