Opinión

Iliberalismo en Hungría

Opinión | 11/05/2026| 20:35
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Viktor Orbán sostuvo el poder de Hungría durante 16 años. Sin embargo, esto cambió el pasado 9 de mayo del 2026, cuando Péter Magyar ganó las elecciones parlamentarias. Magyar, político conservador de 45 años, logró imponerse en la contienda con el 53% de los votos. Poco más tarde, el nuevo Primer Ministro aseguró que “lo que necesita Hungría no es un cambio de gobierno, sino un cambio de sistema”.

Para ahondar en el tema, primero debemos entender al “iliberalismo”, una teoría política que apunta a la existencia de “sistemas políticos híbridos” donde pueden coexistir la democracia y, simultáneamente, la restricción de libertades.

Bajo este entendimiento, podemos decir que el iliberalismo se posiciona varios pasos antes de los autoritarismos. Para esta teoría, puede haber elecciones (un ejercicio de la democracia), y al mismo tiempo faltar libertades, como la de prensa, o los derechos de la minoría.

Por extraño que parezca este régimen, Orbán logró llevar el iliberalismo a la realidad centrándose fundamentalmente en el nacionalismo húngaro más conservador. Esto permitió que las personas conectaran con sus ideas políticas, además de un fuerte euroescepticismo (una postura muy crítica de la Unión Europea) y una fuerte inclinación por los valores tradicionales de la familia.

En suma, estos discursos ayudaron a que Fidesz, el partido en el poder, debilitara poco a poco a los otros dos poderes, tanto el legislativo como el judicial, de la mano de Orbán. Otra de las estrategias de Orbán consistió en que los medios de comunicación fueran supervisados por el Estado para asegurarse de que reafirmaran la idea del nacionalismo y señalaran a los enemigos como “disidentes”: el exterior, la prensa independiente, las ONGs, la academia y básicamente a cualquiera que cuestionara el gobierno. Inevitablemente, todas estas acciones terminaron por afectar los contrapesos democráticos.

Pero lo más interesante del caso es que Viktor Orbán pertenecía a la corriente del euroescepticismo, aunque Hungría era parte de la misma Unión Europea (UE). Cuando la guerra de Ucrania estalló, Hungría apoyó con dudas las sanciones de la UE. Además, optó por no mandar apoyo a los ucranianos. Asimismo, ha sido criticado por bloquear los gasoductos, pues los húngaros pagaron las consecuencias de una guerra que no es suya.

Otro ejemplo del euroescepticismo de Orbán son sus roces con la UE debido a su desacuerdo con la política migratoria de la misma. Además de sus múltiples comentarios sobre “las inseguras fronteras de la UE”, Orbán se negó a refugiar migrantes sosteniendo que: “Debemos dejar claro que no queremos ser diversos ni mezclados: no queremos que nuestro propio color, tradiciones y cultura nacional se mezclen con los de otros. No queremos esto. No queremos eso en absoluto. No queremos ser un país diverso”.

Inevitablemente, el descontento de los húngaros llegó a su límite cuando salieron a la luz los problemas de corrupción de Orbán y el estancamiento político y económico alcanzó un nivel crítico. Hoy por hoy, el “sistema iliberal” de Orbán se tambalea al mismo tiempo que Magyar grita desde el parlamento húngaro: “Viene un cambio de sistema”.

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