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Desde hace 35 años mitigan la sed de los peregrinos

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.— En pleno docenario guadalupano, una familia tuxtleca continúa una tradición que lleva más de 35 años: regalar pozol a los miles de peregrinos que llegan a la capital.

Lo hacen, dicen, por fe, por agradecimiento y para honrar la memoria de quienes iniciaron esta costumbre.

Nathalie Estrada Velasco, es hija e integrante de la familia que cada diciembre instala su punto de reparto, explicó que la tradición comenzó con sus padres, aunque reconoce que el origen exacto del gesto se ha perdido en el tiempo. “Fue una idea de mis papás. Mi papá lo hizo muchos años. Y ahora, en su ausencia, procuramos que no se pierda la tradición”, dijo.

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120 litros de pozol para mitigar la sed del peregrino

Este año prepararon alrededor de 120 litros de pozol, equivalentes a unos 100 garrafones, que reparten sin pausa desde poco después de las 11 de la mañana y hasta que se termina.
El objetivo, explica Nathalie, es simple: mitigar la sed de quienes recorren largas distancias para llegar a la Virgen de Guadalupe.

“Fue una idea que tuvimos con mi esposo, para aliviar la sed de los peregrinos y como un acto de gratitud a Dios por todo lo que nos concede cada año”, expresó.

Un acto de fe convertido en homenaje

La tradición adquirió un sentido más profundo tras el fallecimiento de Don José Fernando Estrada, que Natalie y su madre María Luisa Velasco Fonseca, reparten esta bebida tan importante en la cultura de Chiapas, el pozol.

El pozol no es cualquier bebida, es una tradición milenaria de los chiapanecos que se ingiere al medio día como una bebida pero también como una merienda que les permita mitigar la sed y hambre de medio día hasta la llegada de la comida, se usaba al ir al campo por las largas jornadas de trabajo fuerte.

Hoy, diversos grupos que participan en las peregrinaciones se acercan no solo por el pozol, sino para bailar, tocar y rendir homenaje a su memoria. “Eso es algo que no tiene precio”, afirma Nathalie.

El pequeño punto de distribución ha logrado consolidarse como un espacio de encuentro, fe y solidaridad en las festividades guadalupanas, entre voces de agradecimiento, pasos cansados y el aroma característico del pozol que, año con año, sigue alimentando una tradición que se niega a desaparecer.

Alejandra Chávez

Alejandra Chávez/ reportera de Tuxtla Gutiérrez

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