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Caldo de shuti: el platillo chiapaneco poco conocido que resurge en las mesas locales

El caldo de shuti también tiene una dimensión cultural y simbólica.

El caldo de shuti, uno de los platillos menos populares pero más arraigados en las comunidades ribereñas de Chiapas, está recuperando protagonismo entre quienes buscan sabores auténticos y tradiciones culinarias vivas. Elaborado con caracoles de río conocidos como shuti, este caldo se prepara con hierbas locales, jitomate, chile y especias que resaltan su sabor intenso y fresco. Su consumo está estrechamente ligado a la temporada de lluvias, cuando los caracoles abundan en arroyos y márgenes de ríos.

Aunque para muchos es un platillo desconocido, en municipios del norte del estado como Pichucalco, Reforma y Juárez forma parte de la cocina cotidiana desde hace generaciones. Las cocineras tradicionales explican que el secreto está en lavar y purgar los caracoles con paciencia, además de cocinarlos lentamente para que su sabor impregne el caldo sin perder su textura. Su elaboración, aunque laboriosa, conserva técnicas heredadas de los pueblos zoques y chol que han transmitido la receta de forma oral.

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El caldo de shuti también tiene una dimensión cultural y simbólica: para muchas familias, representa abundancia y conexión con los ríos que han sido el sustento de sus comunidades. Su preparación suele acompañarse de tortillas hechas a mano y chile machucado, lo que mantiene vivo un ritual culinario que ha resistido el paso del tiempo pese a su poca difusión fuera de la región.

Colectivos gastronómicos y promotores culturales han comenzado a incluir el caldo de shuti en festivales regionales para dar visibilidad a su valor histórico y culinario. Su rescate no solo reconoce la riqueza de la cocina chiapaneca, sino que impulsa la preservación de un platillo que forma parte del patrimonio vivo de las zonas ribereñas del estado.

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