Conoce la galleta típica de Chiapas el Turulete
Un dulce emblemático de las calles chiapanecas

Con origen probable en Tonalá, el turulete es una galleta hecha a base de maíz nixtamalizado, piloncillo y canela, que forma parte esencial de la gastronomía y el comercio tradicional chiapaneco.
Caminar por municipios como Tonalá, Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Chiapa de Corzo o Comitán de Domínguez es encontrarse con una postal única: mujeres portando canastas repletas de dulces tradicionales y anunciando con voz alegre: “¡Caballito, turulete!”.
En sus canastas no solo hay turuletes, sino también nuegados (panecillos fritos cubiertos con glaseado y azúcar), caballitos (galletas en forma de caballo con piloncillo), gaznates (cilindros de masa rellenos de merengue) y puxinú (maíz tostado mezclado con miel y piloncillo). Sin embargo, los protagonistas indiscutibles son los turuletes, una galleta de sabor dulce con un toque salado que se distingue por su forma de rombo.
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Como hacer y con que acompañar el Turulete
La receta inicia con la nixtamalización y molienda del maíz, que se transforma en harina. Luego se añade manteca, azúcar, canela y piloncillo para formar una masa con la consistencia perfecta. Se hornea en leña o estufa, logrando una galleta ancha y crujiente.
En Chiapas, el turulete suele acompañarse con café, chocolate, atole o refrescos de frutas naturales como mango, guayaba y tamarindo. Muchas veces sustituye al pan dulce en desayunos y meriendas.
Un gusto compartido con Tabasco
El estado de Tabasco también disfruta de este dulce, tradicionalmente horneado sobre hojas de plátano, una técnica que antes reemplazaban al papel encerado o aluminio.
Aunque su origen apunta a Tonalá, Chiapas (cuyo gentilicio popular es “turulos”), los turuletes se encuentran en mercados y puestos de dulces por todo el estado. En Tuxtla Gutiérrez, destacan productoras como la señora Marlene Pérez, quien vende bolsas con siete a diez piezas a precios accesibles y mantiene viva esta tradición a pesar de la disminución en su consumo.
Para los productores, vender turuletes es más que un oficio: es una forma de preservar la gastronomía chiapaneca y apoyar al comercio local. “Son de mis dulces favoritos, a mis hijos les encantan. No deben perdérselos si vienen a esta zona del país”, afirman comensales.
Consumir turuletes no solo es un placer para el paladar, sino también una manera de mantener vivas las costumbres y el valor del maíz en la región.



