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La leyenda de la misa de los difuntos en la Iglesia del Carmen

La Iglesia del Carmen, en el Pueblo Mágico de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, es escenario de una aterradora leyenda que ha traspasado generaciones: la misa de los difuntos. Este relato cuenta cómo una mujer viuda fue testigo de una ceremonia oficiada por almas del más allá. Quienes se atreven a ingresar al templo después de la medianoche podrían enfrentarse a lo inimaginable.

Un pueblo lleno de misterio y tradición

San Cristóbal de las Casas, uno de los destinos más turísticos y encantadores de Chiapas, es también cuna de relatos paranormales. Sus calles empedradas y arquitectura colonial guardan secretos que alimentan las leyendas populares. Entre ellas, destaca la historia conocida como “La misa de los difuntos”, vinculada con la centenaria Iglesia del Carmen.

La leyenda comienza con María Josefina, una viuda de alta sociedad reconocida por su bondad y devoción religiosa. Todas las madrugadas, puntualmente a las cinco, asistía a misa en el templo del Carmen, construido en el siglo XVI y cuya historia lo vincula con múltiples advocaciones, desde San Sebastián Mártir hasta La Encarnación.

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Una madrugada, al escuchar las campanadas, Josefina se alistó rápidamente para no perder la ceremonia. Salió en silencio para no despertar a su sirviente y se dirigió sola al templo, envuelta en una noche oscura y silenciosa.

Al llegar a la iglesia, notó que era la primera en entrar. Se sentó en una banca trasera y comenzó a leer su Biblia. De pronto, un extraño silencio invadió el recinto. Al mirar hacia el altar, descubrió con horror que todos los asistentes, incluido el sacerdote, no tenían cabeza.

Paralizada por el terror, sintió una mano helada sobre su hombro. Al voltear, vio que se trataba de un fraile… sin cabeza. Con voz profunda le dijo: “Hija mía, esta no es una misa para los vivos, es para los difuntos”.

Llenándose de valor, Josefina salió corriendo del lugar. Al alejarse, escuchó nuevamente las campanadas, pero esta vez no eran las de las cinco de la mañana: marcaban las doce de la medianoche.

Desde entonces, los habitantes de San Cristóbal aseguran que quien cruce las puertas de la Iglesia del Carmen después de esa hora, entra a un portal donde se celebra una misa para las almas que aún no descansan en paz.

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