

Cada día aumenta el número de extranjeros, que sin documento alguno de identificación logran cruzar la frontera de Guatemala-Chiapas en el sur de México, para caminar más de 30 kilómetros hasta llegar a la ciudad de Tapachula, donde se dispersan en hoteles, y albergues; muchos, se quedan en los parques públicos o las banquetas cercanas a las oficinas de la COMAR o el INM.
Entre los llamados migrantes caminantes vienen niños, mujeres y personas de la tercera edad que son oriundos de países como: Venezuela, Cuba, África, Haití, Honduras, Nicaragua y Guatemala, principalmente.
El calvario que viven estas personas es digno de una película dramática, las historias de vida de quienes logran sobrevivir al trayecto de miles de kilómetros para tratar de llegar a la frontera norte con Estados Unidos de Norteamérica, son muchas veces increíbles e inimaginables.
Su odisea no es sólo el caminar y caminar por caminos que no parecen tener fin, sino que también sufren por la tardanza en obtener una respuesta a su solicitud para obtener un documento que les permitan tener movilidad en suelo mexicano.
Los que no tienen para pagar un hotel o cuarto, terminan utilizando las calles y patios baldíos para realizar sus necesidades físicas, ya que no existen baños públicos; cuando llega la lluvia, aprovechan para bañarse y lavar sus ropas.
Los riesgos sanitarios de epidemias o enfermedades son grandes para toda la sociedad de Tapachula.