El mole chiapaneco: tradición, sabor y herencia del sureste mexicano
Con ingredientes locales y recetas transmitidas por generaciones, el mole chiapaneco destaca como uno de los tesoros culinarios más representativos del estado de Chiapas.


El mole chiapaneco es una expresión viva de la cultura gastronómica de Chiapas, elaborada con ingredientes autóctonos como el plátano macho, las pepitas tostadas y el pan de yema, que le aportan su característico sabor dulce y textura espesa. Más que una receta, es una herencia transmitida de generación en generación.
Enclavado entre montañas y selvas del sureste mexicano, el estado de Chiapas resguarda una joya gastronómica que combina tradición, historia y sabor: el mole chiapaneco. Esta preparación, aunque menos conocida que las de Puebla u Oaxaca, posee características únicas que la convierten en un símbolo de identidad local.
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Un mole con identidad propia
La palabra “mole” proviene del náhuatl molli, que significa salsa o mezcla. En Chiapas, esta salsa se transforma en una versión dulce y aromática que incorpora ingredientes como plátano macho, hierbas regionales y una buena porción de pepitas tostadas, que le confieren textura y profundidad.
Una de las particularidades del mole chiapaneco es el uso del pan de yema, un tipo de pan suave y ligeramente dulce que, al integrarse a la salsa, le aporta consistencia aterciopelada y un sabor característico. La proteína tradicional para acompañarlo es el guajolote (pavo), aunque también se prepara con pollo, según el gusto o la disponibilidad.
Recetas que se heredan, no se copian
Detrás de cada mole chiapaneco hay una historia familiar. Las recetas, muchas veces celosamente guardadas, se transmiten oralmente entre generaciones. En muchas comunidades, preparar mole no es solo cocinar, sino preservar una tradición cultural y familiar. Sin embargo, también es una práctica en riesgo, ya que no todas las nuevas generaciones optan por continuar este legado.
Más allá del sabor, el mole chiapaneco es una expresión de identidad, memoria y orgullo. Representa la fusión de ingredientes de la tierra con técnicas ancestrales que siguen vivas en las cocinas chiapanecas. Degustarlo es adentrarse en una historia de resistencia y continuidad cultural que enriquece la diversidad gastronómica de México.