Opinión

Europa más fuerte que nunca

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José Miguel Martínez

Antes del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la Unión Europea (UE) atravesaba una crisis existencial. Su función era puesta en duda constantemente; tanto así que Reino Unido materializó su salida en 2020. Sin embargo, una serie de eventos geopolíticos han forzado una cohesión interna que hoy parece inquebrantable.

Cuando el primer misil ruso impactó en Kiev, el mundo entero se estremeció. No era para menos: Europa se enfrentaba a su primer gran conflicto bélico desde la desintegración de Yugoslavia en 1992. Ante la magnitud de la tragedia, la UE dejó de lado la burocracia para intervenir indirectamente, enviando armamento y fondos financieros a Ucrania para frenar la amenaza del Kremlin.

Poco imaginaban los líderes europeos que una amenaza igualmente disruptiva vendría de un aliado histórico. Desde que asumió la presidencia de Estados Unidos el 20 de enero de 2025, Trump no ha dado tregua. Desde el “minuto uno” impuso aranceles de forma indiscriminada, afectando incluso a sus socios transatlánticos y poniendo en jaque décadas de tratados comerciales y diplomáticos.

La tensión alcanzó un punto crítico cuando el mandatario estadounidense increpó públicamente a Volodímir Zelenski. Entre reproches por su vestimenta y quejas por una supuesta falta de gratitud, Trump le gritó que estaba “jugando con la Tercera Guerra Mundial” y le advirtió que “él no tenía las cartas en la mano”. El anuncio del retiro total del apoyo militar y económico de Washington obligó a Europa a una reunión de emergencia para decidir cómo enfrentar a Rusia sin el respaldo de un aliado que empezaba a comportarse como un extraño.

A inicios de este año, resurgió la obsesión de Trump por anexar Groenlandia. En la Conferencia de Ginebra, el presidente amenazó con una invasión si no se le cedía el territorio por las buenas; incluso llegó a ridiculizar a Emmanuel Macron y a filtrar conversaciones privadas con el secretario general de la OTAN.

La respuesta europea fue tajante: si Estados Unidos osaba invadir, aunque fuera un centímetro de Groenlandia, el personal estadounidense sería expulsado de las bases de la OTAN en suelo europeo y se rompería definitivamente el tratado comercial vigente.

Hoy, con la guerra en Irán en su punto más álgido y un Estados Unidos acorralado, Europa ha decidido guardar silencio. Aunque inicialmente Francia y Alemania consideraron enviar buques al Estrecho de Ormuz, terminaron retractándose. En su desesperación, Trump alterna entre la ridiculización y las súplicas hacia esos aliados que tanto ha ninguneado. Pero Bruselas parece tenerlo claro: no es su guerra y no prestarán auxilio a quien se ha dedicado a traicionar la relación bilateral.

Mientras la crisis energética aprieta, Europa se une para buscar soluciones conjuntas. Es sintomático que incluso el Reino Unido, fuera del bloque desde 2020, haya vuelto a la mesa de negociaciones. Mientras Trump “patalea” y arrasa con sus propias alianzas, la Unión Europea se percibe más sólida que nunca. Paradójicamente, tener a un adversario en las filas occidentales ha sido el catalizador que necesitaban para entender que, si Estados Unidos se hunde, ellos deben hacer todo lo posible por no ser arrastrados al abismo.

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