Japón reactiva la central nuclear más grande del mundo tras 15 años de inactividad
Kashiwazaki-Kariwa vuelve a operar en medio de debate social y como pieza clave de la estrategia energética japonesa


La central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, ubicada en la prefectura de Niigata, retomó operaciones este miércoles, marcando un hito en la política energética de Japón. La planta, considerada la más grande del mundo por su capacidad instalada, permanecía fuera de servicio desde el accidente nuclear de Fukushima, que llevó al cierre total del parque nuclear japonés hace casi 15 años.
En esta primera etapa, la empresa Tokyo Electric Power Company (Tepco) puso en marcha únicamente el reactor número 6, uno de los dos que cuentan con la autorización del regulador nuclear nacional. El reinicio se produjo a las 19:02 hora local, tras solventar un fallo detectado en una alarma de seguridad que retrasó el proceso un día.
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La decisión contó con el aval del gobernador de Niigata y de la asamblea prefectural, que aprobaron la reactivación en diciembre pasado, pese a que diversos sondeos reflejan que alrededor del 60 % de la población local se opone al regreso de la energía nuclear en la región. Las preocupaciones ciudadanas están ligadas principalmente a la seguridad y al recuerdo del triple desastre de 2011.
Con una capacidad superior a los 8 mil megavatios, Kashiwazaki-Kariwa es considerada una instalación estratégica para Tepco y para el gobierno japonés encabezado por la primera ministra Sanae Takaichi. La reactivación se alinea con los planes oficiales de reforzar el uso de la energía nuclear como vía para reducir la dependencia de combustibles fósiles y cumplir los compromisos de reducción de emisiones contaminantes.
La planta había superado las revisiones técnicas para su reapertura desde 2017; sin embargo, permaneció cerrada durante años debido a deficiencias en los sistemas de seguridad contra posibles ataques. Su regreso gradual marca un nuevo capítulo en el debate energético de Japón, donde la necesidad de estabilidad en el suministro convive con una persistente desconfianza social hacia la energía nuclear.





