La Sima de las Cotorras: un santuario natural, arqueológico y espiritual en Chiapas
Ubicada en Ocozocoautla, esta formación geológica ofrece un espectáculo único de biodiversidad, pinturas rupestres milenarias y un misticismo ancestral que la convierte en uno de los tesoros naturales más impresionantes de México.


La Sima de las Cotorras, situada en el corazón de Chiapas, es una maravilla natural con más de 140 metros de profundidad, hogar de coloridas aves y de vestigios arqueológicos milenarios. Este sitio combina aventura, historia y ecoturismo responsable, atrayendo a visitantes de todo el mundo.
Un abismo sagrado lleno de vida
A tan solo unos kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, en el municipio de Ocozocoautla, se encuentra la Sima de las Cotorras, un gigantesco hundimiento natural con 140 metros de profundidad y 160 metros de diámetro, formado hace millones de años por actividad volcánica. Su peculiar nombre se debe a las numerosas cotorras verdes que habitan en sus paredes, creando un espectáculo visual y sonoro que deslumbra a los visitantes.
Este sitio no solo destaca por su riqueza natural, sino también por su legado arqueológico. En sus paredes, investigadores han descubierto pinturas rupestres con más de 3,000 años de antigüedad. Representaciones de animales, figuras humanas y símbolos rituales evidencian que este fue un espacio sagrado para culturas como la olmeca, maya y azteca. La sima era vista como una puerta al inframundo, y sus aves, como mensajeras divinas.
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Ecosistema diverso en un solo lugar
La vegetación circundante, compuesta por encinos, cedros y pochotes, crea un entorno propicio para una gran variedad de especies. Además de las cotorras frentirrojas y macao, es posible observar tucanes, colibríes, quetzales e incluso águilas reales. Este equilibrio ecológico ha convertido a la sima en un punto clave para el avistamiento de aves y el turismo de naturaleza.
Turismo sostenible para preservar el paraíso
Con el objetivo de proteger este patrimonio, se han establecido medidas de conservación como el control de visitantes diarios, la promoción de la educación ambiental y la vigilancia del ecosistema. El ecoturismo aquí no solo promueve la conservación, sino que genera empleo y desarrollo económico para las comunidades locales.
Los viajeros pueden optar por acampar en zonas habilitadas o descansar en cabañas cercanas. Durante la noche, presenciar el retorno de las cotorras en bandadas es una experiencia inolvidable que conecta al visitante con la naturaleza y el pasado sagrado del lugar.





