Disonancia y el sport washing

José Miguel Martínez
Hace unos días vi un video de Marion Reimers, una reconocida analista de deportes, en el que hablaba de un concepto muy interesante: la “disonancia cognitiva”. Esta es la tensión mental o incomodidad al momento en el que dos ideas completamente diferentes pueden convivir y estar dentro de una misma persona. Un ejemplo de ello es el Mundial de Fútbol.
Por un lado, es impresionante y apasionante que sea en México, Estados Unidos y Canadá. Pero por otro, uno no puede simplemente olvidar las carencias que se tienen en los tres países. No se puede olvidar que el presidente de Estados Unidos ha amenazado varias veces con bombardear nuclearmente a un país en Medio Oriente.
No se pueden sacar de la cabeza las declaraciones incendiarias que ha hecho contra los migrantes, donde sostuvo que de ser necesario harían redadas en los estadios para poder sacar a los migrantes que se encontraran, tanto en las inmediaciones como a los alrededores. No se puede simplemente pasar por alto que no dejó que la selección de Irán estuviera más de 24 horas dentro de su territorio, o hacerse de la vista gorda cuando el árbitro Omar Artan de Somalia fue deportado.
U olvidar que, durante el medio tiempo del partido inaugural de Estados Unidos contra Paraguay, decidiera bombardear Venezuela. Porque claro, no hay mejor distractor que una copa del mundo. Es aquí donde se suma otro concepto, llamado “sports washing”. Este se usa para limpiar la imagen de un país a los ojos del mundo y de sus propios ciudadanos.
Estados Unidos no es quien lo inventó; por el contrario, lo único que hace es aprovecharse de él. Rusia también lo hizo en su momento con el fin de quitarse el estigma de ser “el malo del mundo”. Únicamente para, años después, lanzar un ataque contra Ucrania.
Asimismo, Catar lo usó para que el mundo viera que era diverso y que podía coexistir con occidente sin importar que sus leyes sean “muy estrictas” con todos los que no sean de género masculino.
Con todo esto, Infantino, presidente de la FIFA, ha dicho que no tiene poder de influencia sobre los países, ni los intereses políticos. Sin embargo, vale la pena cuestionarnos: ¿De verdad Infantino no tiene intereses políticos? Recordemos que le regaló un Premio de la Paz FIFA a Trump, aunque lo único que ha hecho Trump es ser todo lo contrario, menos pacifico.
Gran regalo a quien ha bombardeado a Venezuela dos veces en lo que va del año, mientras sostiene una guerra con Irán, niega el paso a un árbitro convocado por la misma organización y no permite que una selección entre a su territorio. Todo ello sin contar las redadas de ICE. Bueno, pero no tiene intereses políticos.
En una persona pueden convivir ideas contradictorias, por su puesto. Y los eventos de la FIFA son una muestra de ello. Aunque disfrutemos, se tiene que ser crítico con los gobiernos, así como con la FIFA, a quien lo único que le interesa, según parece, es llenarse los bolsillos de dinero… porque no hablamos de las entradas que están impagables, ni del hecho de que es en tres países porque sale económicamente más rentable, o que se hace de la vista gorda ante las claras injusticias y discriminaciones que está cometiendo el acreedor a su “Premio FIFA de la Paz”.
Podemos permitir que conviva esta idea crítica y la pasión por ver el Mundial. Se vale porque es una vez cada 4 años y esta vez una parte es en casa. Permitámonos sentirnos unidos a una sola causa y un solo juego, gritar cada gol y festejar cada victoria como si fuera la última. Aun sabiendo que todo lo que está pasando está mal y todo es un simple show para limpiar la imagen de un gobierno que ya no puede sostener sus propias mentiras.



