Opinión

De vuelta a la última frontera

AGUAS INTERNACIONALES - JOSÉ MIGUEL MARTÍNEZ

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Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno… El pasado primero de abril la misión Artemis II despegó del Centro Espacial F. Kennedy para hacer un sobre vuelo tripulado sobre la Luna; el primero en 50 años.

Hace cinco décadas, cuando la superioridad espacial era necesaria para Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS), pues constituía una manera de demostrar poder. Cuando inició la carrera espacial a finales de los años 50’s el objetivo era realmente simple: poder espiar al enemigo sin la necesidad de contar con personas infiltradas o volar aviones sobre el territorio enemigo, pues esto es considerado un acto de guerra.

En aquel entonces, la URSS adelantó rápidamente a los Estados Unidos en la carrera espacial, pues los soviéticos lograron poner el primer satélite en órbita en 1957, el Sputnik 1. Después, en 1961, Yuri Gagarin fue el primer hombre en ir al espacio. Para 1965 Alexei Leonov realizó la primera caminata espacial. Los Estados Unidos se estaban quedando muy pero muy atrás en esta contienda.

Simultáneamente, esta nueva frontera constituía un nuevo peligro, sobre todo para los estadounidenses, quienes iban perdiendo esta carrera. Les preocupaba que la URSS quisiera apoderarse de la Luna y, sobre todo, que pusieran instalaciones militares en órbita. Por su parte, aunque se encontraba en una posición ventajosa, a la URSS le preocupaba lo mismo. 

Por ello, en 1967 se firmó y ratificó el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre, donde se acordó la libre exploración de los cuerpos celestes y del espacio, la no apropiación de estos y sobre todo el uso pacífico de los mismos. Esto implicó la prohibición explícita del establecimiento de bases militares, la prueba de armas y las maniobras militares. Este tratado fue firmado y ratificado tanto por Estados Unidos como por la URSS.

En 1967, la misión Apolo 11 de Estados Unidos alunizó, literalmente, marcando la primera vez en la historia que la humanidad pisó el suelo lunar. A partir de entonces, se mandaron más misiones Apolo. La única que no logró alunizar fue el Apolo 13, que incluso se llevó un rover lunar para poder desplazarse unos cuantos kilómetros fuera del lugar del alunizaje. Luego de estos eventos, las misiones no se extendieron mucho más, pues en 1972 se cancelaron las misiones lunares por falta de presupuesto.

Sin embargo, en años posteriores siguió la exploración espacial y la puesta en órbita de estaciones espaciales y satélites, tanto para la comunicación como para la exploración científica. Con la caída de la URSS, la cooperación en materia espacial creció y en 1998, de la mano de Rusia, Estados Unidos, Europa, Japón y Canadá se puso en órbita la Estación Espacial Internacional (ISS por sus siglas en inglés).

Recientemente la emoción por estas misiones se encendió de nuevo. El pasado 1 de abril, Estados Unidos por medio de la NASA, su agencia espacial, iniciaron de nuevo la travesía a la Luna. Con ella, esperan ser capaces de poner una base de exploración permanente para 2028, que sirva como catapulta para poder explorar otros destinos, como el planeta Marte. “Dominar” la Luna es clave para que la humanidad pueda viajar por el espacio profundo, debido a que la gravedad es menor y el hielo existente puede ser usado como combustible, abaratando mucho el costo de lanzamiento. Este podría ser el inicio de un futuro interplanetario.

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