¿Estamos listos para el Mundial… o solo para la foto con Cristiano?
Momento Ruda por Juan Pablo Rivera


A finales de marzo no se juega un simple amistoso. Se juega algo más incómodo. México contra Portugal. En la inauguración del Estadio Banorte. El mismo estadio que abrirá el Mundial y que todavía genera conversación porque las obras no han terminado del todo. Y aquí empieza la tensión. Porque el estadio aún no está completamente listo. Las obras siguen. Los avances generan conversación diaria. Algunos aplauden la transformación. Otros dudan de los tiempos. Y esa sensación de “¿sí vamos a llegar?” ya forma parte del ambiente que rodea al partido. El escenario es gigante. La pregunta es si el fútbol también lo será.
Desde que se anunció el encuentro, la conversación tiene nombre y apellido: Cristiano Ronaldo. ¿Viene? ¿No viene? ¿Jugarán todas las estrellas portuguesas? La expectativa no gira alrededor del funcionamiento colectivo, sino de las figuras que podrían pisar la cancha. El foco está puesto en ellos. Y eso ya dice algo. Portugal no es cualquier rival. Es una Selección que compite fuerte, que juega rápido, que no baja el ritmo, aunque pasen los minutos. Tienen figuras, pero también sistema. No dependen de una sola estrella. Corren. Presionan. Castigan errores. Saben a qué juegan y lo sostienen.
Y ahí es donde la conversación se vuelve incómoda para México. Porque en los últimos años la Selección ha sido señalada por algo claro: ritmo lento. Mucha posesión. Poca profundidad. Transiciones que parecen en cámara lenta cuando el rival acelera. Cuando el partido exige intensidad constante, aparecen las dudas. Contra equipos medianos eso se disimula. Contra potencias, se exhibe.
Este partido no dará puntos para el Mundial. Pero sí dará pistas reales. No de marketing. No de discurso. De cancha. Si Portugal aprieta alto, ¿México saldrá limpio o perderá el balón en su propia mitad? Si el ritmo sube, ¿podremos sostenerlo noventa minutos? Si nos enfrentamos a selecciones de ese nivel en el Mundial, ¿estamos preparados para competir sin excusas? No se trata de ganar o perder. Se trata de competir de verdad. De mostrar carácter. De demostrar que el proceso tiene dirección.
El Estadio Banorte simboliza modernidad, renovación, futuro. Pero el concreto nuevo no mete goles. Las pantallas gigantes no presionan. La inauguración no tapa deficiencias tácticas ni falta de intensidad. El estadio quiere estar listo para el mundo. La pregunta es si la Selección también quiere estar lista para el mundo que viene.
Porque el Mundial no perdona el ritmo lento. No perdona la falta de intensidad. No perdona la improvisación cuando el rival acelera. Portugal puede ser el espejo que no queremos mirar. Si competimos, crecerá la ilusión. Si nos superan con claridad, quedará una advertencia temprana. Y quizá eso sea lo más valioso. No el resultado. No la foto. No Cristiano. La verdad. Y la verdad, aunque incomode, siempre llega antes que el Mundial.




