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Gobernar con rumbo: cuando la planeación define los resultados


Por Jorge Sanén, Diputado de la Transformación - La Fuerza de la transformacion

En tiempos de alta exigencia ciudadana, la política ya no admite ocurrencias ni decisiones al vapor. Gobernar hoy implica algo mucho más profundo: planeación, método y responsabilidad pública. La improvisación ha demostrado ser uno de los mayores enemigos del bienestar social, porque cuando no hay rumbo ni estrategia, quienes pagan las consecuencias son siempre las personas.

Durante muchos años, en México y en Quintana Roo se tomaron decisiones sin diagnóstico, sin orden y sin visión de largo plazo. Se apostó a parches temporales, a soluciones mediáticas y a políticas desconectadas de la realidad cotidiana. Eso generó rezagos, desigualdades y una profunda desconfianza ciudadana. La Cuarta Transformación llegó justamente para romper con esa lógica.

Hoy el éxito público se construye con planeación. Se construye escuchando al territorio, entendiendo los datos, priorizando problemas reales y diseñando políticas públicas con objetivos claros. No se trata solo de hacer más, sino de hacer mejor. De invertir donde más se necesita y de evaluar constantemente lo que funciona y lo que debe corregirse.

En Quintana Roo lo hemos aprendido con claridad. Somos un estado dinámico, con crecimiento acelerado, alta movilidad social y una economía estratégica para el país. Aquí, improvisar no es opción. Cada decisión en materia de turismo, infraestructura, movilidad, seguridad o bienestar tiene impactos directos en miles de familias. Por eso el método importa. Por eso la planeación es una responsabilidad ética.

La transformación se ha consolidado cuando hay coordinación entre niveles de gobierno, cuando los programas sociales llegan con orden y sin intermediarios, cuando las obras responden a una visión integral y no a intereses momentáneos. Proyectos como la modernización de la movilidad, la inversión en infraestructura estratégica, la recuperación de espacios públicos y el fortalecimiento de los programas del bienestar son ejemplos de políticas pensadas, no improvisadas.

Desde el Congreso del Estado, esta visión también se refleja en la manera de legislar. Las leyes no deben responder a coyunturas pasajeras, sino a necesidades estructurales. Presupuestos responsables, análisis técnico, diálogo político y cercanía con la ciudadanía son parte del método que hoy guía nuestro trabajo legislativo. Gobernar con método es legislar con sentido social.

La planeación también es una forma de respeto al pueblo. Significa no jugar con las expectativas de la gente, no prometer lo que no se puede cumplir y no improvisar soluciones que solo generan frustración. Significa asumir que cada decisión pública debe tener impacto real en la vida cotidiana: en el empleo, en el ingreso familiar, en la seguridad, en el acceso a derechos.

La Cuarta Transformación ha demostrado que cuando hay método, hay resultados. La reducción de la pobreza, el fortalecimiento de los programas sociales, la inversión histórica en infraestructura y la recuperación de la confianza ciudadana no son casualidad. Son consecuencia de un modelo de gobierno que planea, evalúa y corrige.

En Quintana Roo tenemos claro que el futuro se construye con responsabilidad. La política sin improvisación es la única vía para garantizar estabilidad, gobernabilidad y bienestar duradero. Hoy más que nunca, la gente exige gobiernos que sepan a dónde van y cómo llegar.

Porque la política que transforma no es la que improvisa: es la que planea, la que escucha y la que cumple.

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