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El Derecho Internacional soy yo

Aguas internacionales - Jose Miguel Martinez

“I’m the international law”. Eso dijo el “rey”, digo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una rueda de prensa en la Casa Blanca, días después de haber capturado a Nicolás Maduro, expresidente de Venezuela, a quien sustrajo de su domicilio en Caracas el pasado 3 de enero. Esta frase no hace más que recordarme a un rey francés, Luis XV, conocido por su famosa frase: “El Estado soy yo”.

La frase de Trump no puede ser más contundente: él es el Derecho Internacional, y de ahí la peligrosidad de la misma. Trump se ha dedicado, de manera sistemática, a desvirtuar el Derecho Internacional y las instituciones que de él emanan.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) no ha podido frenar a Trump. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), por su parte, prácticamente ni siquiera ha intentado detener a su mayor aliado y benefactor.

Trump ha dejado claro, a lo largo de este primer año de su regreso a la Casa Blanca, que no le interesa quedar bien con el mundo y, me atrevo a decir, ni siquiera con sus aliados. Para analizar esto, es importante recordar que Estados Unidos históricamente ha tenido dos aliados muy importantes: Reino Unido y Canadá.

Con Reino Unido, últimamente ha tenido fuertes desencuentros a raíz de su intención de anexarse Groenlandia. Trump ha comentado en repetidas ocasiones -tantas que más que querer negociación parecen amenazas- que desea comprar en su totalidad el territorio a Dinamarca.

Por su parte, Reino Unido, Alemania, Francia, entre otros países, han enviado tropas a defender la gélida isla. Trump, por otro lado, ha reaccionado imponiendo un 10% de aranceles a los ocho países que osan desafiar a su majestad. Europa, a su vez, ha respondido amenazando con suspender el tratado de libre comercio que mantiene con Estados Unidos.

Ahora bien, cuando el monarca de la Casa Blanca tomó posesión, expresó sus deseos de que Canadá se convirtiera en el Estado 51 de la Unión Americana. Como era de esperarse, Trudeau -en aquel momento primer ministro de Canadá- se negó rotundamente.

Trump tomó esta negativa de la peor manera, imponiendo un 25% de aranceles a su aliado y vecino. Canadá se limitó a comentar que no iba a venderle más energía a Estados Unidos; rápidamente, Trump echó para atrás la amenaza, aunque sigue latente el deseo (o delirio) del rey de sumar un nuevo Estado a su imperio.

Otro país con el que ha tenido conflictos es México. Una evidencia de ello son las acusaciones a la presidenta Claudia Sheinbaum de no hacer lo necesario para frenar a los cárteles y evitar que sigan exportando droga a su territorio. En esta línea, el pasado viernes circuló un aviso a los aviones que cruzan el territorio mexicano sobre posibles acciones militares. Además, Trump afirmó que Estados Unidos puede vivir sin el T-MEC. Sin temor a equivocarme, este debe ser el momento más tenso en la relación bilateral entre ambos países desde el bombardeo a Veracruz en 1914.

El rey, su majestad, el “premio FIFA de la paz”, a quien María Corina Machado regaló su premio Nobel de la paz cuando hizo berrinche al no ganarlo, se ha mofado de ser el presidente más pacífico de la historia. Sin embargo, ha amenazado con acciones militares a Groenlandia, Dinamarca, Canadá, Nicaragua, Panamá, Colombia, Cuba y Nigeria mientras bombardeaba a Irán y Venezuela. Como sabemos, este último caso terminó en la sustracción de su jefe de Estado, Nicolás Maduro. Y si hablamos de amenazas arancelarias, todos los países, sin excepción, han recibido alguna por parte de Trump, o han sucumbido a ellas. Muy pacífico de su parte.

El rey Trump cree que está jugando Risk -el juego de mesa sobre conquistar países, pero en realidad se está enfrentando a todos sus aliados, incluidos los más antiguos, logrando aislar a Estados Unidos. En el ámbito nacional, además, tiene frentes abiertos con varios gobernadores por las acciones del ICE. Su majestad no se ha dado cuenta de que, por sus caprichos y berrinches, está dejando a su país solo y, en lo interno, profundamente fracturado.

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